Una nueva estrategia de personal para un mundo en red

Estamos en la sociedad más conectada de la historia. Individuos de todo el globo tienen acceso a formación, información, contactos y puestos de trabajo en cualquier parte del mundo, lo que nos da la oportunidad de trabajar en red, en ciclos de 24 horas, conocer nuevas soluciones y crear y compartir conocimiento de una forma constante, en cualquier idioma, a muy bajo coste, y atraer mano de obra cualificada esté donde esté.

Sin embargo, es probable que en España no estemos aprovechando todas las posibilidades de este nuevo contexto. Y no se trata solo de la capacidad de alcanzar a mucha más gente a la hora de contratar un determinado perfil que quizá escasee en nuestro entorno más inmediato. Se trata de incorporar esa nueva lógica de la inteligencia colectiva a la empresa y a los recursos humanos.

Está comprobado que los equipos que mejores resultados presentan son aquellos en los que sus integrantes no compiten entre ellos por alcanzar la mayor productividad, sino los que colaboran con confianza para sacar lo mejor de sí mismos y facilitar que otros lo consigan también. Equipos capaces de pedir ayuda, que tienen recursos sociales para salir de callejones sin salida. Esos equipos son los que, ante situaciones de crisis o retos que precisan soluciones muy disruptivas, ofrecen los mejores resultados. Y si algo es seguro es el cambio: el futuro se nos presenta como la sucesión de continuas situaciones de crisis, de escenarios imprevistos, y nos vamos a ver frente a muchos retos que precisan soluciones disruptivas e innovadoras.

Esos equipos no se forman de la noche a la mañana. Una de las tendencias actuales es crear espacios de conversación y convivencia, para conformar relaciones entre los trabajadores que den como resultado equipos eficientes formados por personas entregadas que no se perjudican entre ellas para sobresalir. La máquina de café no puede ser el único canal de comunicación interna, pero se deben incorporar mecanismos ‘face-to-face’ para lograr esa cohesión necesaria, ese conocimiento entre distintas áreas de negocio, entre distintos departamentos, para que cooperen entre sí de manera natural y no se desperdicien recursos, habilidades, capacidades e ideas. La comunicación interna va a ser uno de los mayores retos de los próximos años, porque deberá diseñar esos nuevos espacios y esos nuevos formatos, y deberá servir para alcanzar esos resultados necesarios y analizar sus métricas.

Frente a la competitividad frustrante y al modelo de liderazgo excluyente encumbrado hace algunas décadas y hoy francamente cuestionado, la esencia de esos equipos del nuevo mundo va a ser la empatía. Es esa cualidad la que va a tener que detectar y contratar un buen responsable de recursos humanos. Cabría preguntarse si estamos preparados para ello.

Afortunadamente, se trata además de una cualidad más presente entre las mujeres que entre los hombres. Sería una oportunidad extraordinaria para saldar esa deuda histórica, para superar esa terrible barrera que se ha denominado techo de cristal, y acabar con esa enorme injusticia con la mitad de nuestra especie. No deben temer los varones quedarse atrás ante esta novedad: la empatía se entrena.

Algunos estudios demuestran que, si bien hoy la gran amenaza para nuestras sociedades es el desempleo y la consiguiente desigualdad y exclusión social, las proyecciones demográficas ponen de manifiesto que, hacia 2030, nuestro gran problema será la falta de trabajadores cualificados para los puestos de trabajo que va a ser necesario cubrir. Los países van a competir por contratar a los mejores y el dinero no podrá ser el único incentivo. De hecho, el reconocimiento y las buenas relaciones en el entorno laboral, así como la conciliación de la vida familiar y profesional están entre las cuestiones más valoradas a la hora de cambiar de país para trabajar.

Las compañías deben pensar en ello de manera seria y profesional, y adoptar las medidas necesarias para adaptarse a lo que vendrá. Cuanto antes seamos capaces de implementar mecanismos que faciliten la creación de esos equipos sanos, competentes pero no competitivos, capaces de encontrar el apoyo de otros y complementarse para dar lo mejor de sí mismos, mejor preparados estaremos para afrontar lo que nos espera. Un futuro lleno de interrogantes, de desafíos como nunca antes en la historia habíamos tenido, y para el que necesitaremos desarrollar todo el potencial de nuestro capital humano.

 

Artículo original: El Confidencial